Palabras inaugurales del 43 Festival del Caribe, por Orlando Vergés Martínez, Director de la Casa del Caribe
Cada cual, al morir —refirió José Martí— enseña al cielo su obra acabada, su libro escrito, su arado luciente, la espiga que segó, el árbol que sembró. Son los derechos al descanso: ¡triste el que muere sin haber hecho obra!
Con estas palabras del apóstol, rendimos póstumo homenaje al destacado periodista y amigo Pedro de la Hoz y al investigador Tomás Fernández Robaina, ambos, al morir, ostentaban, entre otros, el Premio Internacional Casa del Caribe.
En algún lugar leí que sonreír en tiempos de crisis es también un acto revolucionario, con lo cual confirmo que, aun y en medio de las circunstancias por las que atraviesa el mundo, especialmente después de la pandemia, y en particular nuestro país, celebrar ha sido siempre una peculiaridad de su historia y una de sus dinámicas de supervivencia.
La celebración, la festividad y el gozo, son cualidades naturales de los pueblos. Nadie las ordena o dispone más allá de las energías que abrazan las gentes comunes y los ciudadanos que componen las sociedades, y si los Estados y su sistema de instituciones perciben y favorecen esos ánimos de alegría y de gozo común, entonces habrá garantías de convivencia y las actitudes de resiliencia serán legítimas y aproximativas.
El agradecimiento es la memoria del corazón, reza un proverbio yoruba, y por eso deseo considerar en estas palabras inaugurales el apoyo de las autoridades del país y del Ministerio de Cultura, y en particular la confianza de las autoridades de esta provincia, que no dudaron en brindarnos el respaldo necesario para realizar esta edición del Festival del Caribe. Hago constar que tales esfuerzos, como ha sido durante estos 43 años de Festival del Caribe, son fruto de las opiniones y deseos expresados por el pueblo santiaguero, y evaluados oportunamente al calor de las circunstancias que ha vivido el país.
Cuba atraviesa una de las peores crisis después del triunfo revolucionario de 1959. Como nunca antes, las carencias materiales de todo tipo inciden profundamente sobre la vida cotidiana y hacen sus estragos en los logros sociales del proceso revolucionario.
Enterados de esta edición de la Fiesta del Fuego, muchos escépticos hicieron catarsis y apoyaron sus argumentos en la situación de crisis que vive el país, particularmente tensa por los desabastecimientos de alimentos, de combustible, los molestos apagones y el trance inflacionario. Fueron ataques frontales, directos y despiadados, muchos de ellos contra la misma Casa del Caribe.
Argumentos, en su mayoría, prefijados por un odio visceral contra la revolución. Algo así como que no teníamos derecho a destinar recursos para producir un evento en medio de tales dificultades. Una total y desajustada apreciación de la realidad social. Una especie de antítesis sociológica en la que se le niega obstinadamente al pueblo su cultura y se nos responsabiliza con la crisis. Una negación de toda esa historia en la que los pueblos han dado de sí para reconstruir su bienestar y su vida cotidiana por encima de cualquier adversidad.
No es este el primero y único de los aprietos con los que ha tenido que convivir esta fiesta de la cultura. Y es bueno que los más jóvenes, y quienes nos visitan por primera vez, sepan que jamás se suspendió el Festival del Caribe, más bien se potenció en el entendido de que la solidaridad ayudaría a paliar cualquier situación. En las peores circunstancias del periodo especial en 1996, vinieron amigos y artistas de más de 30 países.
Para entonces, las autoridades cubanas ya tenían los argumentos necesarios, como ahora también, para no desestimar la fiesta. Joel James, director fundador de la Casa del Caribe y de los Festivales, había previsto hasta 5 variantes de cómo hacer el Festival. La más extrema argumentaba que las personas y los grupos de todo el país traerían sus alimentos y se hospedarían en casas de las familias santiagueras, y en caso de cero combustibles, haríamos el Festival alumbrándonos con hogueras en las calles, tal y como se hacen las ceremonias y rituales del Vodú en la Sierra Maestra.
Por más de 30 años que llevo organizando este Festival, no he escuchado una sola opinión desfavorable de ninguna delegación, mucho menos que alguien viniera de parte alguna por la simple curiosidad de ver cómo los cubanos y su poderoso apego a la cultura han podido sobrevivir a las sucesivas crisis, huracanes, pandemias y accidentes. Nadie ha venido a Santiago, al Festival del Caribe, a mirarnos con rareza. Recojo y guardo con celo en cada edición del evento los testimonios de solidaridad que nos motivan a organizarlo mejor, y siempre con el respaldo popular y de las autoridades locales a quienes agradezco nuevamente, esta vez, en nombre de todos los participantes. Santiago tiene fama de pueblo hospitalario, y les puedo asegurar que eso está en la genética de cada uno de sus hijos.
Al día de hoy, no sabría decirles con exactitud cuántos participantes han llegado de 15 países. En vísperas del evento, el área de relaciones internacionales de la Casa del Caribe pronosticaba un poco más de 350 participantes, artistas en su mayoría. Todo un desafío en medio de la crisis mundial que puede ser tenido ya como referencia para eventos similares en nuestro país y en el Caribe.
Para nosotros queda al mismo nivel de importancia un participante de un país, así como las delegaciones más numerosas, entre las que destaco a los hermanos de México.
A todos agradecemos por igual, y va como premio equivalente, tanto por el esfuerzo personal como también por el que hicieran las autoridades del Estado de Bahía, del gigante suramericano, por armar una pequeña delegación.
Brasil siempre fue motivo de interés para la Casa del Caribe, sobre todo por el mestizaje de su cultura y por el peso considerable que ha tenido la cultura africana en ese país suramericano.
La Casa del Caribe ha sostenido, desde su creación, los fundamentos que le permiten asirse al concepto del Caribe cultural, aproximación que ha aportado no pocas luces sobre la diversidad de la cultural de la región.
Sirven de antecedentes para esta dedicatoria la edición de 1997, dedicada a Brasil, así como la de 2010 al Estado de Pernambuco, momentos a partir de los cuales se sostuvo un profundo y fructífero intercambio con la cultura brasileña.
San Salvador de Bahía en Brasil, tiene muchos rasgos en común con nuestra cultura y con la cultura caribeña en sentido general. La temprana concentración de esclavos africanos en esa región del nordeste brasileño, hacen de la misma una de las zonas de mayor mestizaje dentro del país y, en consecuencia, luce hoy y de manera sostenida los rasgos más sobresalientes de la caribeñidad en América del sur.
Volver sobre Brasil, apoyados en la cultura bahiana ofrecerá, entre otros, la posibilidad de aproximar a exponentes y portadores de expresiones culturales de profundo arraigo en el Caribe isleño y ribereño, particularmente entre los practicantes de las distintas variantes de la religiosidad popular de base africana, así como entre los animadores y promotores de las festividades patronales y los carnavales.
Bahía, en el escenario regional, pudiera ser considerada, conjuntamente con otras regiones del nordeste brasileño, como una de las entradas más relevantes del Caribe para todo Brasil.
Su capital, nombrada inicialmente como San Salvador de Bahía de Todos los Santos, se fundó en marzo de 1549 y fue, como en su momento lo fue Santiago de Cuba, la primera capital del Brasil colonial, considerada luego como la segunda ciudad de la metrópoli portuguesa después de Lisboa.
Hoy es calificada como un centro metropolitano y, en mi opinión, continúa siendo la capital cultural de Brasil.
San Salvador de Bahía es apuntada también por otros calificativos muy sugerentes, tales como la Capital de la Alegría, donde resaltan sus festividades y especialmente su carnaval, de amplia participación popular.
También el de La Roma Negra, combinación de su arquitectura, sus servicios gastronómicos y culturales, así como el elevado número de negros y mulatos que han aportado ritmos y bailes extendidos a otras zonas de Brasil.
Cuna de la Samba, del Axe, de los grupos de Afoxe, de las batucadas y los Tríos Eléctricos, en Bahía es notoria una religiosidad popular con una fuerte base africana, el Candomble, equivalente a la Santería cubana, donde se mezclan cultos de origen africano de oriundez diversa, aunque con un predominio de los cultos yorubas, fundamentalmente de Nigeria.
Han podido llegar los bahianos a Santiago de Cuba después de un esfuerzo que debemos a los artistas, a su gobernador y a otras autoridades de ese Estado, al Sr. Christian Vargas, Embajador de Brasil en La Habana, así como a otros amigos de la solidaridad, como Ivone Santana y Maria Luiza, a nuestra misión diplomática en Brasilia, al embajador Adolfo Curbelo Castellanos y a la eficiente y entusiasta consejera Idalmis Brooks Beltrán. Está con nosotros un amigo querido, ex cónsul cubano en Sao Paulo, Pedro Monzón Barata, quien con su experiencia y cooperación fue pieza clave para que pudiéramos entrar en Bahía.
Debemos a Bahía buena parte de la magia de Brasil, y con ellos llegan las energías de Xango y Iemanja, y también las elocuentes definiciones de bahianidad de Gilberto Freire, tales como Bahía, maternidad de Brasil, Bahía de colores calientes, carnes morenas y gustos picantes.
Al decir de uno de sus mejores narradores, Jorge Amado, en lo adelante, vamos a poder reabrir las puertas a esos tipos humanos marcados por sus sentidos de urbanidad, gentileza, ternura, religiosidad, inteligencia, humor, picardía, solemnidad y excesos de dignidad. Ni que fueran santiagueros.
Aún recuerdo el ritmo contagioso del grupo Olodum cuando vinieron al Festival en 1997, y de un espectáculo mundial que ofrecieron en esta misma sala. Un año antes, en 1996, en el barrio conocido como Pelourinho, en el centro histórico de Bahía, habían filmado un video clip con el astro del Pop Michael Jackson que los lanzaría al estrellato. Una representación de Olodum vuelve esta vez a Santiago de Cuba, después de un tránsito complejo de cerca de 30 horas por varios aeropuertos.
Aquí ya no habrá oportunidad para el desánimo, las calles y los santiagueros esperan por nosotros. Vámonos para la calle amigos, en portugués sería, Galera, vamos la, para rúa.
Muchas gracias.
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Con una inmensidad de trabajo y amor a las culturas populares se ha celebrado y se celebra insistentemente el Festival del Caribe , enhorabuena Santiago de Cuba y los hacedores de este evento del intercambio de nuestras culturas que viva Joel james y lis seguidores de la casa d caribe ,,,, topete cisneros
Palabras sinceras sin miedo a la realidad que vivimos…leerla enaltece la obra de Verges y su equio de trabajo con la humildad en el aprendizaje de su antecesor fundador Joel James.