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Exposición Gráfica. 30 fuegos de una historia contada por sus carteles

Raúl Ruiz Miyares

Orgullo del pueblo santiaguero es sin dudas la celebración del Festival del Caribe, que tiene como record 30 años de realización ininterrumpida, efectuándose incluso en los años inciertos del período especial.

El desempeño de cada Festival desde la promoción dedicada al evento que se realizará en el próximo año, implica entre otras cuestiones la realización del cartel que le identifique, cuyo diseño debe contar con un discurso que integre de modo conceptual los elementos que distinguen al pueblo y la cultura al que es dedicado; misión en ocasiones difícil por el poder de síntesis y la necesaria coherencia que debe poseer el cartel con relación a las exigencias semánticas socio históricas y culturales que ello implica.

En sus inicios se convocaba la selección del cartel de modo competitivo, y luego se realizaron por encargo. En una ocasión se pensó que la memoria gráfica estaba prácticamente perdida, por cuanto fueron pocos los carteles que se encontraron para realizar hace unos años atrás una exposición que integrase como hoy los trabajos que identificaron los festivales auspiciados por la Casa del Caribe de Santiago de Cuba.

Con el paso del tiempo, la  joven estudiante de la Carrera de Comunicación Social Ilianed Leyva Fonseca  se propuso trabajar este tema y realizó su trabajo de diploma El cartel del Festival del Caribe (1981-2008): Una lectura gráfica desde la publicidad, de cuyos resultados se logró compilar todos los carteles que identificaron el Festival del Caribe en estos treinta años de existencia; además de realizar un análisis conceptual pormenorizado del discurso estético donde la festividad, la historia, las tradiciones, la cultura popular tradicional y la poesía  presentes en cada obra constituye expresión de un programa donde además de celebrar la cultura de cada país, en su evento teórico El Caribe que nos une se rinde honor a la historia y los valores libertarios de sus próceres y procesos sociales en la lucha anticolonialista, lo que ha caracterizado el devenir de nuestro pueblos del Caribe  y el tercer mundo. 

Resultan sorprendentes para quienes conocen la historia del Festival los carteles que aquí se muestran. Algunos de ellos de carácter extraoficial no pudieron identificar el cónclave en su momento, pero de modo secundario tributaron la información necesaria, lo cual muestra el entusiasmo de nuestros artistas por contribuir a su desarrollo exitoso; de ello dan cuenta obras como las de Guarionex Ferrer, Adolfo Escalona, José Seoane y otros.

La labor de digitalización y restauración de Raúl Santos Bebelagua ha sido de suma importancia para el rescate indispensable de la memoria gráfica del Festival. Algunas imágenes en mal estado de conservación fueron salvadas por la dedicación y pericia de este joven informático quien, sin sacrificar los recursos discursivos del color, la figuración y la composición dio nueva vida a los carteles que estaban destinados a fenecer.

Cuando participé como co-tutor en la defensa de Ilianed en su trabajo de diploma, pude apreciar la vehemencia con que defendió sus presupuestos teóricos acerca del necesario rescate de la Memoria gráfica del Festival, labor que gracias a ella y a la Universidad de Oriente  hoy contamos con la colección de todos los carteles que perpetúan la presencia  de uno de los eventos más importantes del acervo nacional.

Celebrar los treinta años del Festival del Caribe con esta exposición de los carteles que les precedieron, es evocar también el desvelo y la valentía con que afrontaron no pocos escollos burocráticos y discriminatorios personalidades de la cultura como Joel James, Jesús Cos Causse, Rogelio Meneses, María Nelsa Trincado, Jorge Luis Hernández, Julián Mateo, Omar Blandino, Vicente Portuondo, Guarionex Ferrer, Oscar Ruiz y tantos otros que ya no están, quienes dieron todo de sí por realzar los valores culturales de nuestros pueblos y otorgar voz a quienes siempre se la han negado: los portadores de la cultura popular tradicional; artífices de la expresión lapidaria de Joel James que reza: Mientras haya cultura popular tradicional, habrá Patria.