Una dependencia bien importante de la Casa de las Religiones Populares es El Patio Palenque. Se trata de un espacio “a cielo abierto” adyacente al edificio principal, que también hace las veces de circuito exhibitorio, pero cuya función principal trasciende el aspecto exponencial. En el Patio Palenque tienen lugar prácticas culturales de gran envergadura vinculadas a la religiosidad popular; así como peñas de poetas y trovadores, conciertos, testimonios de la cocina tradicional, y otras presentaciones. Con independencia de la actividad eventualmente programada en sus predios, el Patio Palenque es en sí mismo un ámbito propiciatorio de interacción entre los elementos humanos y objetuales que en él se reúnen.
La pieza escenográfica más imponente del Patio es una frondosa ceiba ubicada hacia el centro de la plaza. Este árbol es parte de la muestra. Primero, porque la ceiba, junto a la palma real, distingue con su esbeltez los paisajes caribeños; pero también –y sobre todo—por la carga mítica que le ha sido atribuida por la cultura cubana. La ceiba es morada de dioses y muertos y, en tal virtud, es un gran fetiche natural. “A sus pies” se colocan ofrendas y se ofician ceremonias. Así, la ceiba del Patio Palenque, más allá de ser la principal referencia escenográfica, es obligada protagonista de todo cuanto allí sucede.
Otras armazones también pueblan el Patio y aderezan el entorno. Sendas esculturas dan la bienvenida al recién llegado: la una, intencionalmente ubicada en el pasillo de acceso, es un Elegguá que abre los caminos hacia las intensas experiencias que promete este local; la otra, alegoría totémica realizada en cemento por el artista Ángel Peña, parece dispuesta a ser guía y anfitrión del visitante.
Una vez que se entra al Patio, se puede observar en una de las esquinas al fondo del batey un auténtico hounfor voduista –con su potó mitán y Cai Misté— el cual revela a los presentes las tradiciones haitianas ya plenamente establecidas en nuestra cultura.
De igual modo, a lo largo de la línea perimetral del Patio, encontramos rústicas construcciones donde se albergan prendas paleras, chicherekus, accesorios litúrgicos y muchos otros atributos espirituales de variopinta estirpe. Una urna con la Virgen de la Caridad, patrona de todos los cubanos, y presente en casi todas sus expresiones religiosas, parece dirigir y anclar en la cubanidad todos los atributos expuestos.
No menos importancia tiene en el diseño espacial otros elementos que son instalados episódicamente para ambientar ciertas actividades específicas como son, por ejemplo, los tronos de santería propios de las ceremonias de la Regla de Ocha.
Cada uno de los elementos descritos tiene valor en si mismo por cuanto son accesorios en uso real, “manipulados” / “atendidos” con el mayorazgo pertinente por auténticos religiosos, según los requerimientos de los destinos en función de los cuales existen las piezas. De esta manera se está en presencia del objeto real, del sacerdote y de la manipulación litúrgica en cuestión. De ahí que no sean pocas las veces en que los visitantes aprovechen la ocasión para recibir algún servicio religioso particular.
Pero estos accesorios, sin dejar de ser objetos únicos, constituyen “prototipos” que están allí en representación de todo un dominio de objetos similares que conforman la parafernalia de las prácticas religiosas cubanas. Joel James solía decir que “la Santería, el Palo Monte, el Vodú, y el Espiritismo de Cordón y Muertero, son productos genuinos nuestros, legítimas creaciones de nuestra historia, exponentes primordiales de nuestra cultura de resistencia y liberación; expresiones de la espiritualidad del pueblo cubano, sin las cuales el pueblo cubano, precisamente, dejaría de ser pueblo cubano.” De tal suerte, las construcciones rústicas, la ceiba, las mañas litúrgicas y los propios religiosos son la extensión en El Patio Palenque de una realidad cultural que caracteriza la identidad de nuestro Pueblo.
Por último, nos parece pertinente dedicar algunas líneas al público que suele asistir a las actividades del Patio Palenque. Habida cuenta de que las “presentaciones” que tienen lugar en esta plaza son prácticas culturales reales, puestas en escena por los portadores de tales tradiciones; el público que participa en los “espectáculos” está compuesto mayormente por otros religiosos de la ciudad; de forma tal que aquí la palabra “participación” adquiere un significado “actoral-interactivo”. Muchos de los visitantes del Patio Palenque son miembros del “Club de Amigos Religiosos de la Casa del Caribe” y estos colaboran con sus colegas encargados de hacer las presentaciones de turno, facilitando, de paso, la comprensión de las acciones en curso por parte de espectadores inexpertos allí presentes, y su incorporación orgánica al acontecer artístico-ritual. Esta circunstancia propicia una atmósfera mística que confiere un timbre muy peculiar a la gestión cultural del Patio Palenque y, en general, a la labor promocional de la Casa de las Religiones Populares.