Palabras de la inauguración de la exposición “Amar”, escritas por Maria del Carmen Tamayo Asef
En los pilares de la vida, aquellos cimientos que establecen el orden natural de las cosas, se encuentran algunos conceptos básicos. Amar es uno de ellos. La acción de entregar al otro constituye una de las expresiones más sublimes que pueden existir en este mundo. Sin miedo a cometer un verbalismo se puede afirmar, además, que es uno de los vocablos más usados en todas las latitudes. Amar es una palabra inmensa, aquella que en cualquier idioma unifica, protege. A ella también asociamos por extensión lo sincero, lo honesto, lo constructivo.
Por otro lado, comparece el virtuosismo del artista, aquel que a través de su arte regala también parte de su esencia y su amor a los demás. En esta oportunidad es ese precisamente el fin de esta muestra donde el maestro Alberto Lescay Merencio convencido de la necesidad de encontrar vías para sanar el alma y curar el cuerpo se decidió a buscar elementos dentro de su legado artístico que tuvieran como eje principal la concepción del sānāre o sanación. Para ello quiso hacer partícipe al Doctor Máximo Martínez Rondón, especialista en Primer Grado en Medicina General Integral quien al mismo tiempo es un apasionado de las artes y canaliza su espíritu y saber a través de las técnicas artísticas.
Un Festival del Caribe diferente será el escenario para esta muestra. Ni la terrible circunstancia apagará jamás la llama del altar de fuego. El maestro y su compañero de hazañas asumen la oportunidad para hacer llegar al público un mensaje de resurgimiento para curar la vida desde el interior hacia lo externo.
En esta colección que se exhibe hay una síntesis de lo que el artista trabaja y ha trabajado a lo largo de su vida. En este caso, hace visible los soportes acostumbrados, pero se ha decidido también por exponentes de la serie “Amándonos” donde imbuido por las bondades de la gráfica japonesa despliega su gestualidad sobre los nobles materiales que sintetizan una filosofía de vida. Es la expresión de la impronta del creador con la tinta y la brocha que se explaya sobre el papel de arroz en un momento de espiritualidad absoluta en la que queda plasmada la esencia del ser bajo una atmósfera metafísica pues el material no permite segundas oportunidades.
En medio de las circunstancias que hoy acaecen el soporte simboliza lo frágil, que está en todo momento en peligro de ser dañado y que no se puede perder ante ninguna circunstancia. Lo natural, lo simple, lo orgánico en este caso representa la vida que es amenazada por la pandemia y que el hombre debe aprender a combatir con sus propias armas espirituales. Es aquí cuando el amor cobra una relevante potencialidad pues en el camino de hacerlo está la salvación del ser que se ama y ama a sus congéneres.
Asimismo, el Dr. Máximo nos acerca un poco a su mundo interior. Influido por la obra del maestro Lescay se ha lanzado en la cruzada de expandir su hacer y expresarse a través del pincel. Su profesión se enriquece con las artes y viceversa. Es un entendido, además, de la medicina natural tradicional y el alcance de las nobles vertientes lo convierten en un espíritu libre.
Igualmente, parte del amor también ha sido reflejado en la exposición por algunos elementos instalativos relativos a Abdala, el más reciente logro de Cuba ante el mundo y ante un virus iracundo que no tiene piedad. Abdala, que resume en ella a los otros candidatos vacunales y a otros tantos logros de la Revolución cubana es un símbolo de vida. Es la expresión máxima de la sanación y portavoz de aquel proverbio chino que asegura que: “Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría, y cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor”.